Cuaresma: Comprenderla y Vivirla

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JesusOrandoLa Cuaresma es uno de los tiempos fuertes del ciclo litúrgico de la Iglesia. Pero no tiene sentido ni finalidad en sí misma: es el tiempo de preparación para la Pascua, verdadera fiesta y fundamento del culto cristiano. San Pablo nos recuerda: “Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe” (1Cor XV, 14).En nuestra tierra andaluza el año queda marcado, no sólo en su vertiente religiosa, sino también social y turística, por ese estallido de fervor, tradición y arte que se inicia el Domingo de Ramos con el paso de la Borriquita y llega a su punto culminante en la “madrugá” del Viernes Santo para finalizar el Domingo de Resurrección tras la recogida del Señor Resucitado. Y precisamente es este domingo el que encabeza el verdadero periplo festivo de los cristianos: cincuenta días de celebración entorno a la vida nueva que Jesucristo ha conseguido después de entregarse por nosotros.

Es importante que conozcamos y valoremos, pues, las motivaciones que nos ofrece este tiempo de conversión. De otro modo acabará convirtiéndose, como ya lo es para muchos, en la recta final o cuenta atrás para la Semana Santa en la que nos dedicamos a pulir enseres, montar pasos y visitar besamanos. 

Motivación histórica

Siendo la Pascua del Señor Resucitado la celebración cristiana por excelencia, hay que tomarla como núcleo y punto de partida de cualquier otra celebración y de cualquier ejercicio o práctica de piedad cristiana. Por eso la preparación a las fiestas pascuales se limita, en un inicio al ayuno del viernes y sábado, para pasar muy pronto a ser un ayuno semanal que comenzaba el domingo anterior a la noche santa, domingo en el que se leía la Pasión del Señor. A lo largo del siglo IV aparece un período de tres semanas de preparación a la Pascua y ya a finales del mismo se extiende hasta los cuarenta días. En el siglo VI, para asegurar los cuarenta días de ayuno, puesto que los domingos quedaban exentos de dicha práctica, se hizo que la Cuaresma empezara el miércoles anterior con la imposición de la ceniza. En este día, desde el siglo VIII, se conserva la tradición de hacer la primera estación cuaresmal en la basílica de Santa Sabina, curia general de los dominicos, donde el Papa celebra la eucaristía y la imposición de la ceniza. 

Motivación bíblica

No es un capricho que la Cuaresma tenga que durar cuarenta días. En la Sagrada escritura encontramos algunos curiosos testimonios del valor de esta cuarentena, además del ejemplo del mismo Jesús.

  • Gen VII, 4: El diluvio que Dios envió a la tierra para arrasarla duró cuarenta días con sus noches. El agua, instrumento de limpieza y purificación, abre una era nueva donde surge una nueva humanidad reconciliada con Dios.
  • Ex XXIV, 18: Moisés permanece cuarenta días con sus noches en el Sinaí, la montaña del Señor, para recibir las tablas de piedra con sus mandatos para Israel.
  • Jos V, 6: El pueblo de Israel, liberado por Dios de la esclavitud de Egipto, anduvo durante cuarenta años por el desierto hasta llegar a la tierra prometida.
  • Jon III, 4: Jonás, por mandato de Dios, anuncia la destrucción de Nínive cuarenta días después de su anuncio. Durante este tiempo los ninivitas hicieron penitencia (hombres y animales) y Dios se arrepintió de su amenaza.
  • 1 Re XIX, 8: Elías, con una sola comida, caminó cuarenta días y cuarenta noches huyendo de la reina Jezabel hasta el monte Horeb, donde Dios se le manifestó.
  • Mt IV, 2(y paralelos): Jesús, llevado al desierto por el Espíritu, ayuna durante cuarenta días con sus cuarenta noches para ser tentado por el diablo.

 Motivación espiritual

La experiencia del desierto cuaresmal anima a los creyentes a la lucha, al combate espiritual, al enfrentamiento con la propia realidad de miseria y pecado. Se trata, desde luego, de una lucha continua, cotidiana. Pero ahora, en Cuaresma, es un entrenamiento comunitario, solidarizándonos con todos nuestros hermanos y ayudándonos mutuamente en la superación del mal.Las características que presenta este período litúrgico son: 

  • Austeridad: puesto que el desierto nunca es el destino sino un lugar de paso, nos estimula a vivir el espíritu de la provisionalidad. Nadie va al desierto a establecer su hogar. Al desierto hay que llevar lo más imprescindible para que el viaje sea ligero, de lo contrario nuestro caminar se volverá pesado y lento. Por eso la Iglesia recomienda que nos abstengamos de cosas superfluas, tanto en la comida como en otros aspectos de nuestra vida (compras, espectáculos…) y así aprendamos a valorar aquello que es estrictamente necesario, al tiempo que compartimos nuestros bienes con las personas necesitadas por medio de la limosna. 
  • Penitencia: hasta la Edad Media la Iglesia celebraba la reconciliación pública de los penitentes durante el Jueves o Viernes Santo. Aquellas personas que tenían pecados graves y querían hacer penitencia se preparaban durante la Cuaresma junto con los que deseaban recibir el Bautismo en la Vigilia Pascual. Para nosotros, las prácticas penitenciales tienen el sentido de disponernos para el combate contra el mal. La penitencia es una forma de expresar el permanente control que el cristiano debe ejercer sobre sí mismo y la lucha abierta contra las pasiones y las apetencias de la carne, que se alza siempre contra las exigencias del espíritu. San Pablo nos recuerda: “…un atleta se impone toda clase de privaciones; ellos para ganar una corona que se marchita; nosotros, una que no se marchita. Por eso corro yo, pero no al azar; lucho pero no contra el aire; sino que golpeo mi cuerpo y lo someto…” (1Cor IX, 25-27). 
  • Manifestación de Dios: es en el desierto (en la soledad, el silencio…) donde se dan los grandes encuentros con Dios, como vemos en la experiencia de Moisés y el pueblo de Israel y también en el caso de Elías. El mismo Señor Jesús buscaba la soledad y el silencio para orar y comunicarse con el Padre. Para la comunidad cristiana, el tiempo cuaresmal es un momento propicio para orar con más intensidad buscando momentos de intimidad y silencio para leer y meditar la Palabra de Dios, que nos habla al corazón. 

Judas 

Para finalizar tomaremos la figura de Judas Iscariote como ejemplo paradigmático del pecador que, negando a Cristo y su fuerza salvadora, acaba hundido en el abismo de la desesperación hasta perder la vida.

Judas es uno de los doce, del grupo que Jesús mismo había elegido para que participaran de sus enseñanzas privilegiadamente. Por eso la inmensidad de su traición no sólo se mide por su gravedad objetiva (la misma traición) sino por herir a Jesús en lo más íntimo (Jesús le ofrece una sincera amistad al invitarle a mojar de su mismo plato durante la cena). Pero Judas está resuelto a consumar su traición y para ello se convierte en un “tránsfuga”: era el último del grupo de Jesús y pasará a ser el primero del grupo de los captores del Señor. Aún así, Jesús le gana al prever los sucesos y manifestar su predisposición a la entrega (Mc XIV, 42: “¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega”).

En Judas se da:

  • un conflicto entre la fidelidad a Jesús y a sus ideas personales. Las palabras y las obras de Jesús no cubrían sus expectativas.
  • un conflicto de deberes o mejor de afectos y esperanzas. Prefirió mantenerse dentro del sistema religioso y socio-político imperante.
  • un conflicto entre lo que veía él y lo que veían los demás. El resto de los apóstoles abandonaron al Señor una vez que fue arrestado. Judas, al entregarlo, quería preservarlo del peligro.
  • un conflicto con su vocación israelita. Al oponerse a toda violencia, pensó que Jesús traicionaba la causa israelita  que buscaba el triunfo del pueblo de Israel. 

Judas se sitúa del lado de las tinieblas y el resultado es que:

  • transforma un signo de amor (beso) en un signo de muerte;-muestra las dos caras del amor (mercantilización del amor);
  • se protege a sí mismo con un gesto hipócrita;
  • tiene veneno en los labios y el corazón. 

Y sin embargo, Jesús nunca lo rechaza.

Aprovechemos este tiempo de gracia para rechazar el pecado que hay en nosotros y acercarnos al Dios que nos da la vida.                

Charla cuaresmal impartida por el Rvdo Padre Fray Xavier Catalá, O.P. 20 de marzo de 2012

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