Manifiesto de la Unión de Hermandades

- SI A LA VIDA -


Cuanto más civilizada es una sociedad mejor protege los derechos y defiende los intereses de los más débiles y necesitados aún cuando no sean racionales. Así por ejemplo el Código Penal español (art. 337) condena con penas de prisión que van de tres meses a un año conductas consistentes en el maltrato a animales domésticos que les provoque la muerte o grave menoscabo físico. La misma pena se le puede imponer al que corte o arranque alguna flor protegida (art. 332) y hasta dos años le pueden caer (art. 334) al que dificulte la reproducción de especies protegida de la fauna silvestre.

Todo esto está muy bien porque habla de nuestro amor a la naturaleza, pero parece que la especie humana no es merecedora del mismo nivel de protección que, por ejemplo, un árbol raro o un insecto en vía de extinción. Nos anuncian una Ley en virtud de la cual el Estado, por medio del sistema sanitario, podrá cercenar la vida de los seres humanos con tal de que tengan menos de cinco meses de gestación.

Una de las técnicas habituales en la práctica del aborto consiste en sustituir el líquido amniótico por una solución salina concentrada que se inyecta a la madre para envenenar al bebé al tiempo que se le achicharra la piel. Esto es ya perfectamente legal y dentro de poco se podrá practicar sobre bebés perfectamente formados con pies, manos, ojos, labios, corazón latiendo, etc…; pero si esto mismo lo hiciéramos con el huevo de un alimoche podríamos ir a la cárcel hasta dos años.

Algo no funciona en esta sociedad actual que tiene la conciencia dormida y permite esta masacre silenciosa del aborto sin reaccionar. Algo falla. Todos estamos orgullosos de haber alcanzado un grado de civilización tal que nos permite haber superado esa lacra injustificable de la pena de muerte. En estos días estamos viendo a familiares de niños y niñas horrendamente asesinados que claman por el cumplimiento íntegro de las penas o, todo lo más, cadena perpetua. A nadie se le ocurre pedir la vuelta de la pena de muerte por muy horrendo, nefando o monstruoso que haya sido el acto del reo. En las páginas de la prensa diaria podemos ver la imagen de un famoso asesino múltiple disfrutando de su libertad en la calle aún cuando a todos nos consta que no se ha arrepentido. A nadie sensato se le ha ocurrido pedir para este individuo culpable la misma pena de muerte que él aplicó con bombas o pistola sobre inocentes padres de familia.

Y si esto es así ¿por qué razón consentimos que bajo el título de “ley de plazos” se haya autorizado la pena de muerte para los seres más inocentes? ¿Qué delito han cometido? ¿Por qué no merece la vida de un ser humano en formación el mismo respeto que una flor escasa o un animal doméstico?

Si consentimos que la ley del aborto llegue aún más lejos de donde ya ha llegado cometeremos todos un grave pecado, unos por activa y otros por omisión, pero todos pecaremos contra el quinto mandamiento. Es algo tan elemental, tan obvio, …

Nadie que sea cristiano, nadie que crea en Dios, puede comulgar con la “ley de plazos” porque negar la vida a un ser humano es negar la existencia de Dios que es la fuente de toda Vida.

El pueblo cristiano y en especial los cofrades celebraremos próximamente la muerte de Jesús que se sacrificó por nosotros, por nuestra salvación. Hagamos cuanto esté en nuestra mano por salvar la vida de tantos miles y miles de niños que quieren condenar a muerte. Durante nuestros recorridos procesionales pongamos, si no en los varales, sí en nuestro corazón un gran lazo negro por todos los inocentes muertos antes de abrir los ojos al mundo. Jesús murió y luego resucitó para donarnos la vida auténtica. De alguna forma la llama que ilumina el extremo de los cirios que portamos son señal de vida y hemos de comprometernos por que ni una sola llama de vida se apague.

¡Bendito sea el Fruto de Tu Vientre María!
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