La Corredera y Porvera, Jerez y Chipiona, Málaga y Sevilla donde estudió, conocieron a Pepe. Lo más cierto es que lo conocían todos y en todas partes, le gustaba viajar, relacionarse con otras personas, además se le veía venir con sus dos metros de humanidad. Había nacido el 20 de octubre, el año es lo de menos, pues simplemente aparentaba la edad que tenía.

Cuentan que desde pequeño ya era un apasionado de la Semana Santa, construía pasos y organizaba cortejos de salón con su hermana Piedad.  Era un apasionado de la radio, y ya  desde mediados de los 70 se le veía grabando los sonidos de nuestra semana mayor con un magnetofón Philips, junto a los capataces y las bandas de entonces. De ahí le vino la afición, la que cuajaría después a principios de los ochenta con la dirección del Programa Trabajadera de Radio Jerez.

Estudio el Bachillerato en el Colegio Salle de Cristina y Derecho en Sevilla, donde coincidió con buenos cofrades jerezanos. Allí también conoció y se enamoró de las cofradías sevillanas.

Profesó la abogacía en el despacho de Antonio Camacho, pero pronto cumplió otros de sus anhelos, la docencia. Ejerció como profesor,  o mejor, como maestro,  en el Colegio Virgen del Perpetuo Socorro de las Hijas de Nuestra Señora del Sagrado Corazón conectando con las hermanas y como no, con los jóvenes, a los que además de enseñarles, educaba.

Como perfecto conocedor del sentir y devenir de nuestras hermandades y cofradías, fue ante todo, fiel y sincero servidor de las mismas, a las que acudía solicito cuando su intervención reclamaban. Son muchas, tantas que no hay dudas en afirmar que en todas y cada de ellas, de una forma u otra, participó ya con su versos, en ponencias y tertulias o en la presentación de actos, carteles y conciertos. Sus palabras solían dejar hondo calado,  ya fuera en verso como prosa, como así fue  recientemente en  la Evocación de las Siete Palabras en el Calvario de la Hermandad del Cristo. Pregonó al Rocío, en la Hermandad de la Angustias, en el Huerto en la XXV Oración Poética del Perdón, en la Capilla del Calvario, en la del Cristo del Amor, en la de los Desamparados.... muchas otras más.

Llevaba por bandera la presencia en su vida de la Madre de Dios. De la Piedad, la de sus paternales amores, De Estrella Sublime, por la Porvera;  De Rocío, pregonero por el Camino,  Consolación su abogada y Patrona, Regla en Chipiona, Perpetuo Socorro en el día a día y Confortación.... Todas ellas, todas, una sola, le colmaban en un solo fuero mariano: el ser cofrade y por encima ser cristiano.

A la hermandad de la Oración en el Huerto llegó por que allí le llevaron sus amigos y compañeros de la Salle. Desde su ingreso, se comprometió consideradamente con la hermandad, ayudando con la organización de la cofradía en la calle y más tarde con el grupo joven y los hermanos costaleros, su experiencia con la juventud cofrade de las cofradías le avalaba. Llegó a desempeñar diversos cargos en su junta de gobierno, como secretario y Teniente hermano Mayor. Fue Secretario portavoz del Consejo Local de Hermandades y Cofradías en el mandato de Fernando Fernández Gao donde revolucionó la secretaría con la incorporación al cargo de los nuevos medios informáticos (aún se recuerda el primer Pleno donde abrió su portátil para levantar acta) Su dedicación  en el Consejo fue intensa, representó a nuestras cofradías por toda España cuando se promocionaba el encuentro Nacional Hermandades y Cofradías para nuestra ciudad e ideo y dirigió uno de los actos cofrades más recordados, el que dio por finalizado el encuentro de en el Villamarta. Posteriormente continuó acudiendo a los encuentros, el último de ellos en Ceuta.

Sempiterno Fiscal de Nazareno en el Huerto y últimamente en el Soberano, guardaba celosamente el más intimo de sus anhelos, ser costalero. Pero en verdad, Pepe Antonio, llevaba desde siempre sobre tus hombros, la pesada trabajadera de su indiscutida experiencia cofrade, de las primeras vivencias de luto penitente en la Piedad, la de aquellos pretéritos días de la juventud cofrade, la dilatada vida de hermandad, sus aconteceres, quehaceres y menesteres, su vivencia cofrade,  el compartir año tras año con Manolo y la gente de abajo, ducas y alegrías costaleras en ensayos y estación penitente, el compromiso que como cristiano contrajo día a día, la puntual y veraz información de nuestras cofradías, el presagio pregonero ...

Bastan más que los hechos, los fundamentos. Los que por derecho hacen de José Antonio González de la Peña y García un respetado, admirado y envidiado cofrade. Un cristiano comprometido, un cofrade versado en nuestra Semana Santa, un excelente comunicador, un buen hermano y un mejor amigo.

Fue el veinte de mayo y en el momento mismo del Ángelus de Marismilla, cuando fue llamado por el Padre. La Señora de las Marismas lo llevó hasta el cielo de su mano, allí lo aguardaban sus padres, su abuela Pepita y otros tantos cofrades y hombres de bien, de ley como era él. Quiso la providencia que se fuera un día del camino, aquel que había narrado y llevado a tantas personas con su voz.

Ahora nos quedamos con su recuerdo el que guardaremos celosamente en el corazón de la memoria. Hasta siempre Pepe, hasta siempre amigo y hermano.


Sirva este espacio para homenajear a nuestro querido hermano Pepe Antonio, al que tanto echamos de menos.

Vamos a ir incluyendo todas las condolencias que la Hermandad recibe, así como todos los artículos que en su memoria se están escribiendo, algunas imágenes y sonidos...

Podéis contribuir en su homenaje, simplemente enviándonos lo que queráis, artículos fotos... y lo iremos publicando. Para ello entra en la zona de contacto y remítelo al webmáster o envíalo en la dirección Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla

Como ha dejado escrito nuestro Hermano mayor:

Hermanos sed fuertes y ahora, más que nunca, entregaros con fervor al AMOR a nuestros Titulares. Orad al Señor Orando en el Huerto que ya Pepe esta en ese cortejo de la Gloria junto a tantos otros hermanos que fueron a recibirlo. Orad a Nuestra Madre de Confortación que él desde las Marismas Eternas nos guiará y cuidara en este camino de la vida, tan duro, intenso y efímero. Tened esperanza en el Señor que él estará cada martes en nuestras oraciones e intenciones, en cada acto, en cada ensayo, cada Jueves Santo, allí mismo donde ahora Pepe se sitúa, junto al Señor Orando en el Huerto y en nuestro maltrecho corazón.

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